El router que presta el operador está pensado para una vivienda: pocos dispositivos, poca simultaneidad y nadie a quien le cueste dinero que se caiga. Una oficina tiene las tres cosas al revés.
Qué falla al usar equipo doméstico
- Simultaneidad. Aguanta pocas conexiones activas y con treinta dispositivos empieza a descartar.
- Itinerancia. Al cruzar la oficina, el portátil se agarra al punto lejano y la videollamada se corta. Los sistemas de empresa entregan el dispositivo de un punto a otro sin que se note.
- Sin segmentación. La tele de la sala, el móvil del visitante y el servidor de facturación están en la misma red.
- Sin visibilidad. No sabes quién está conectado, ni qué consume, ni por qué falla.
- Ni es tuyo. Si el operador lo cambia, tu configuración desaparece.
Qué necesita una wifi corporativa
- Estudio de cobertura con mediciones, no colocando puntos «a ojo».
- Puntos de acceso gestionados de forma centralizada y con itinerancia resuelta.
- Red de invitados aislada de la red de trabajo, y otra para los dispositivos conectados.
- Acceso por usuario en lugar de una contraseña compartida que acaba sabiendo media provincia.
- Cableado y alimentación adecuados: un buen punto de acceso mal conectado no sirve de nada.
Cómo saber si la tuya está bien
Se mide. Antes y después, en los mismos puntos y a las mismas horas: cobertura, velocidad real por zona, latencia y saltos entre puntos de acceso. Si nadie te enseña números, lo que te están vendiendo es una sensación.



